Un estudio realizado en la Universidad de Wageningen (Holanda) ha demostrado que la radiación producida por las redes Wi-Fi y los campos electromagnéticos creados por los teléfonos móviles y redes LAN inalámbricas resultan perjudiciales para los árboles, causando variaciones significativas en el crecimiento, así como en el sangrado y fisuras en la corteza.
La ciudad holandesa de Alphen aan den Rijn, en Holanda, ordenó el estudio hace cinco años después de que los investigadores encontrasen anomalías inexplicables en los árboles, las cuales no podían atribuirse a un virus o una infección bacteriana. Para ver cuál era la posible causa, los investigadores expusieron a 20 fresnos a diversas fuentes de radiación durante un período de tres meses, según publica PC World

Tras ese tiempo, los árboles situados en las zonas más cercanas a las señales Wi-Fi presentaron como un "brillo de plomo" en sus hojas que causaron la muerte de la epidermis superior e inferior de las mismas. Además, el estudio también encontró que este tipo de radiación podría afectar al crecimiento de las mazorcas de maíz.

¿UNA AUTÉNTICA PLAGA?

Además, los investigadores aseguran que los campos electromagnéticos creados por los teléfonos móviles y las redes LAN inalámbricas y las partículas ultrafinas emitidas por los automóviles y camiones también pueden ser las culpables de este deterioro.
En los Países Bajos, el 70% de los árboles que se encontraban en las zonas urbanas presentaban los mismos síntomas, en comparación con el 10 por ciento de hace cinco años. Sin embargo, la investigación asegura que los árboles en zonas densamente boscosas se ven poco afectados. EUROPA PRESS.
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Francesc Puigcarbó

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